miércoles, 24 de agosto de 2011

Similitudes

Ayer me di cuenta de lo importante que son las cosas que en principio no parecen serlo. Como todo buen cancer, que ese es mi signo, me encanta mi casa y todo lo relacionado con ella. Pero sin lugar a dudas me quedo con la cocina como mejor habitación y los fogones como el mejor complemento. ¡Vamos! que me gusta cocinar.
Pero ayer cuando terminé la comida comenzó La Extraña Desaparición del Tupperware (Tapergüé)’

Después de almorzar siempre estoy de buen humor (ya se sabe que barriguita harta, corazón contento), no pensé que aquél almuerzo se tornara en una pesadilla.
Me encontraba haciendo un poco de sobremesa, de esa que sabe tanto después de un opíparo almuerzo, cuando me dispuse a colocar el resto en el tapergüé que había comprado, no se por que me vino el pacto de gobierno a la cabeza, me refiero al del gobierno de Canarias.
 Me descentraba pero volvía de nuevo al hecho relevante. Mi tuper, no paparecía. Aún recuerdo cuando, en la reunión, lo vi. Realmente era el que buscaba ni muy alto ni muy bajo, tenía la medida correcta. Era él. Vaya que similitud con la política y los pactos.
Volví a la búsqueda.

Político entre pacto y pacto con Tuperware

 Como soy alto la disposición de mi cocina  está hecha para alguien de grandes medidas, por eso no me pareció extraño que la primera vez que fui a por el sin mirar buscando con mi mano en el ropero no lo encontrara. El tapergüé tenía que estar ahí. Dios donde demonios lo habré puesto, pensé. Pero tenía la completa seguridad de que lo había recuperado después de habérselo prestado a un amigo que también se entretiene delante de una placa de cocina. (Esto me retrotrajo a pactos anteriores).
No puede ser. Bueno llamaré a mi amigo a ver si por un descuido me dejé olvidado el tapergüé en su casa.
Breve charla con mi amigo. Me aseguró que no tenía el tapergüé, y no sólo eso sino que además se le había perdido uno que permitía la congelación. ¡Dios los que permiten la congelación no!……Cómo los míos pensé yo, yo tengo esa gama precisamente. Pero me falta el más importante, me falta el que necesito.
 Me di cuenta que se extraviaban con una facilidad pasmosa, incluso se llegan a cambiar de sitio o eso me contó mi cuñada (De nuevo me rondaba por la cabeza la comparación, entre los Tupers y los políticos) Tardó un buen rato para  explicarme, que una vez entró en la cocina dejando una  tapa en un sitio y… Le apareció en otro (ella no cree que fueran ninguno de los seis que vivian en la casa). Hay gente que dice que en noches de mucha niebla, se les oye murmurar entre ellos (como sus señorías en sus escaños), o eso cuenta gente de mucha edad que lleva viviendo en la zona años.
 Entre una cosa y otra parecía que el opíparo almuerzo no quería meterse dentro del tapergüé, o que el taper no quería ser invadido por el almuerzo, de ahí que este no diera la cara. Dios santo un conflicto entre el contenedor y el contenido. Me recordó de nuevo al pacto de gobierno entre los socialistas y los nacionalistas canarios (Cómo gane el PP las elecciones al gobierno de la nación, te cuento un cuento con el pacto suscrito), no se por que pero se me hacía que el PSOE era el opíparo almuerzo y CC era el Tuper.
Desde luego, yo pensando en política, y mi pobre tupergüé por ahí perdido.
Desmonté media cocina y lo busqué, pero seguía sin aparecer. No me podía creer que no pudiera congelar el resto, (Cómo los sueldos de los funcionarios).
Pero una luz me vino a la mente en una de estas, ya recordaba con claridad que había pasado con el tuper. Se lo había dejado a mi madre. Al final no estaba perdido, no lo perdí del todo.
Me di un salto a casa de mi progenitora y me contó la historia del político que,…Quería decir la historia del Tapergüé…, pero eso ya será otro día..., otra historia.

Akilino Da Costa

martes, 23 de agosto de 2011

Los más felices

Hoy he leído un estudio aportado por una empresa de empleo temporal (publicada en canariasaldia.com.), que me ha dejado sorprendido, cuanto menos…

¿Afirma que los canarios somos los más felices en nuestro trabajo? El 86% nada más y nada menos. Y... ¿quieren que les diga algo? Yo me lo creo, seguro que sí. (Estoy tratando de ser sarcástico, no sé si había quedado claro).

Me gustaría saber quién es la persona que realiza estos estudios y que saca estas mencionadas conclusiones. Porque de verdad que no lo entiendo. Este estudio, ¿a quién va referido?

      • ¿a la cantidad de matrimonios que hay hoy en día que no consiguen conciliar su jornada laboral con la familiar? Tal vez a estos se los saltaron. Porque para uno poder disfrutar del trabajo o de lo que hace plenamente ha de poder disfrutar también de otros ámbitos, como el familiar.

      • ¿a la cantidad de jóvenes que no llegan a fin de mes con los sueldos ‘basura’ que cobran? Esto es si no tienes experiencia… Bueno, y si la tienes también, que hay un montón de empresarios que con la ‘historia’ de la crisis han bajado los sueldos ostensiblemente. Claro es que ellos también tienen familia, que juega a pádel. ¿Se imaginan que tenga que darse de baja la niña de las clases de pádel, para que un empleado pueda pagar la factura de la luz, o del agua? A esos seguro que también se los saltaron.

      • … ¿a los que adoran su trabajo pero tienen jefes que se aprovechan de ello para someterlos a presión? Me refiero a aquellos que hacen de su trabajo su vida y acaban esclavizados por empresas que no tienen corazón. Conozco casos en los que, por no tragar, acaban echándote de tu adorado trabajo, o cuanto menos te coaccionan con la posible pérdida de éste. A estos ni les pregunten, porque encima no van a llegar a hablar nunca mal ni de su trabajo ni de su jefe, aunque sea un incompetente.

      • … a los que tienen varios trabajos porque si no no llegan a fin de mes ni de broma (y uno de ellos seguro que es cobrando en B)?


¡Ah!, ¡qué no!, que los perfiles no son esos… Ya decía yo. No podía ser que dentro de esos parámetros uno pueda encontrar felicidad. Pero, veamos… ¿qué profesiones son las más felices?

Los investigadores... ¡Claro! ¿Cómo no había pensado en ese círculo dicharachero de jóvenes y afables señores de bata blanca rodeados de pipetas multicolor? (De nuevo trato de ser sarcástico. No digo que no lo sean, pero de verdad que lo que transmiten no es eso).

Y los artistas… La verdad es que pensando sólo un poco, raro es el artista que no disfrute de su trabajo, de ahí que se acuñara la frase 'Trabajar por amor al arte', pero con eso no se come siempre.

Le siguen los maestros. Ya ves, esto es algo que de verdad me gusta. Los pedagogos son felices, eso me asegura una generación feliz, además me alegra que la satisfacción personal sea tan importante como una buena remuneración en este campo, esto hace que uno se sienta bien por ellos.

Los que le siguen son: Los financieros. Ya decía yo que este grupo iba a estar cerca de la cabeza de la pirámide de la felicidad. La memoria de estos señores me sorprende por lo selectiva que es, no recuerdan que fueron ellos los que nos metieron en esto. ¿Cómo no va a estar este grupo entre los más felices si son realmente los que controlan el cotarro? Claro que sí, es imposible que una persona que cobra de 3.000 a 6.000 € mensuales, con dietas, plus de transporte, coche de empresa y aparcamiento privado, sea infeliz... Pero también se puede decir que los pobres también tienen problemas familiares, como por ejemplo que la niña no quiera ir a las clases de ballet. El chaval que ha de terminar sus estudios en la universidad privada. La mayor que quiere ponerse implantes en el pecho. Los problemas que más o menos tenemos todos. ¿O no?

No es que no me fíe del estudio pero después de leer las conclusiones, la verdad es que no viene a aportar nada realmente nuevo.

Espero dejar pronto de ser un ‘triste’ que no tiene trabajo, voy a seguir buscando a ver si me sale algo de artista, o de investigador o de maestro, aunque sin lugar a dudas lo que me gustaría es conseguir algo de financiero. Aunque para ello tenga que compartir sus problemas (de nuevo me pierde el sarcasmo).

Tengo que dejarles porque me está llamando mi amigo el financiero para echar una partida a pádel. Y seguro que me va a contar qué ha decidido respecto a los implantes de su hija mayor…

¡Ah! Qué triste la vida del triste. Ja.

Akilino Da Costa

martes, 16 de agosto de 2011

El sur

Huyendo de la panza de burro decidimos mi chica y yo pasar el fin de semana en un aparthotel de la zona del Veril, en la Playa del Cochino.

¡Qué maravilla! El sol, mi chica…Vamos nada lo iba a fastidiar, seguro. ¿Seguro? Les cuento. Llegamos como a mediodía y me pareció mágico el lugar, era un aparthotel entrañable, de esos antiguos, con los ascensores pequeñitos, la piscina pequeñita, el bufete pequeñito, en fin entrañable.... La chica de recepción nos recibió con una sonrisa estupenda y nos atendió muy rápidamente.

¡Qué bien! Todo se conjuraba a nuestro favor. La estancia fue un regalo de cumpleaños de la familia que pagó por ello 86 Euros (21'5 euros persona/día con desayuno incluido). Estaba bien de precio.

Después de las pertinentes fotocopias a los DNI, nos encaminamos a la habitación con una gran sonrisa de oreja a oreja que iluminaba el establecimiento. Fuimos a tomar el ascensor pequeñito, de verdad que lo era, y no nos dimos cuenta de lo pequeño que era hasta que tuve que subir por la escalera porque no cabíamos los dos con la pequeña maleta que habíamos preparado para el fin de semana.

Vale, no pasa nada, al fin y al cabo en un rato estaría en la piscina refrescándome. Sólo con pensarlo ya era suficiente para no tener en cuenta la estrechez al ascensor. Subí las escaleras y ya en la puerta de la habitación me doy cuenta de que los pasillos son estrechísimos, tampoco me pareció relevante (tal vez porque la maleta pasaba por el).

Entramos en la habitación, dejamos la tarjeta en el conmutador de la electricidad, y después de colocar nuestras cosas en el ropero, examinamos el entorno y fue entonces cuando fuimos conscientes de donde estábamos.

La habitación era pequeña (eso podría pasar, al mal tiempo buena cara). Estaba mal iluminada y los muebles eran bastante viejos y poco cuidados. (de distinto padre que diría mi chica, de diferente colección). Pero bueno eso tampoco iba a ser óbice para que el fin de semana se enturbiara. Decidí cocinar algo (me encanta cocinar), pero no soy de los que se llevan la nevera a cuestas. Soy de los que piensa que hay que generar gasto allá donde va uno. Y me bajé al 'supermercado' que se encontraba en los bajos del establecimiento hostelero.

Detrás de un muro de tarjetas de recuerdos y de neveras de polos y helados encontré la puerta del establecimiento, entré y fue como entrar en una realidad paralela. Los precios eran de antes de la crisis por lo menos, lo que creo que se les había olvidado bajarlos, o no se habían dado cuenta del periodo económico por el que estamos pasando. ¿Sabrían que la crisis era global, y que afectaba a todos los habitantes de la tierra?

Mientras estaba con mis pensamientos me di cuenta de que una chica me seguía todo el rato, y después la vi cargando una nevera pero clavándome la mirada y sin perderme de vista. En fin me centré en mis necesidades culinarias y después de pillar tres o cuatro productos básicos me fui a la caja.

Ante mi sorpresa me di cuenta de que la chica que me vigilaba, la que cargaba la nevera, y hasta la cajera eran la misma persona. Dios una persona para todo el establecimiento. Pagué el pastón que me pidieron por mi compra y me dirigí a la habitación.

Una vez allí, me puse el delantal y decidí relajarme cocinando, pero no habían casi utensilios de cocina (mala cosa, no entiendo porqué te ponen la cocina sin utensilios), la placa era de dos fogones y estaba huérfana de extractor a pesar de que en la cocina se encontraba un detector de humos. Extraño ¿No?

Bueno la verdad es que las ganas de cocinar se me iban pasando pero hice de tripas corazón y preparé un plato. ¡Qué bueno! Ya estábamos comidos y caía la tarde. Decidimos leer en la terraza aprovechando los últimos rayos de sol.

La noche pasó sin muchos sobresaltos, aunque como la calle no tenía salida y era muy estrecha, las guaguas estuvieron toda la noche con el traqueteo de entrada y de salida, con los indicadores esos que emiten un estridente ruido. Al despertar casi no podía respirar.

La noche puso de relevancia la carencia de limpieza en profundidad de la que adolecía la habitación. Terminé de estornudar y fuimos a desayunar para reconfortarnos con un desayuno que presumíamos iba a ser abundante y variado. ¡Ja!. Que equivocados estábamos.

El buffet era escaso, escaso. Y lo variado era que habían cambiado los zumos de sitio. Después de alguna longaniza, algún pedazo de pan y de café, fuimos a la zona de la piscina y el solárium.

¿Han intentado ustedes alguna vez coger una hamaca en la piscina y se da cuenta de que están las toallas pero faltan las personas? Esto puede ser por dos cosas, a) porque el establecimiento no tiene hamacas suficientes o, b) porque hay demasiados huéspedes. Pero cuando confluyen ambas cosas la cosa se pone mala, mala…

Decididos a tener una hamaca donde broncearnos, hablamos con la recepcionista que a regañadientes nos acompañó y retiró las toallas que ella consideró oportunas, para cedernos las hamacas.

Por fin al sol pude adelantar alguna lectura que tenia atrasada. El problema fue cuando los dueños de las toallas llegaron y pretendieron que les devolviéramos el sitio. Señores que ustedes pongan la toalla no le confiere ningún derecho sobre la hamaca, esto no es la fiesta del pueblo donde deja uno la rebeca para la tía de la ciudad que viene a ver dos actos durante todo el año vea la bajada de la virgen, o el encuentro folklórico.

En inglés le dije al señor, que estaba de muy mal humor, que se dirigiera a recepción donde allí le indicarían el porqué nos encontrábamos en su lugar. El señor al que acompañaba una señora muy maleducada, por cierto, habló con la chica de Recepción y después de un rato vino y me dijo que me llamaban de Recepción.

Momento que el ínclito turista y su maleducada acompañante aprovecharon para poner en mi hamaca sus toallas. Menos mal que estaba mi chica que defendió con uñas y dientes la hamaca. ¡Dios estaba saliendo todo mal! Momentos después le ocurría lo mismo a otra pareja, esta con dos bebés.

Tomamos el sol y por la tarde subimos a comer a la habitación. Se había instalado a partir de entonces el olor a cloaca que nos seguiría hasta el momento de abandonar el hotel. Después de haber estado al sol todo el día tratando de digerir lo que había pasado en la piscina, decidimos ver un poco la tele, el sillón era de los que te hacen nueva la espalda, después de destrozártela.

Nos retiramos a dormir, pero el televisor emitía un ruido de baja frecuencia que sólo se le quitaba desenchufándola. Por la mañana de nuevo el polvo hacía mella en mi nariz. Fuimos a desayunar y después de eso decidimos abandonar el establecimiento y dirigirnos a la playa. Seguro que la naturaleza nos dejaría un buen sabor de boca a aquel agrio encuentro con las buenas temperaturas y a la playa que nos fuimos.

Cuando llegamos a la playa (La del cochino), me fijé en que hay una ladera que da a la playa con un cartel maravillosos en el que se puede leer con letras enormes 'Zona de desprendimientos'... ¡Tócate el pié!, pensé yo. La verdad que parecía más una cantera de extracción de áridos que la ladera de una playa. Pero vamos eso no es culpa de nadie, y tampoco vamos a hacer un drama, ya hemos tenido bastante con el apartahotel. La playa por lo menos es gratis, o eso pensaba yo. Ahora tocaba broncearse.

Alquilaremos una hamaca, que nos apetece estar tranquilos y relajados. Una vez localizamos al chico de las hamacas, me dejó sorprendido el precio. 7'50 Euros, las dos hamacas y una sombrilla. No es que me parezca exagerado el precio, pero si tenemos en cuenta el estado lamentable en el que se encuentran las hamacas y las sombrillas, y que el servicio termina a las seis, cuando el sol no se pone hasta las nueve de la noche...

De verdad que es caro, pero bueno no iba a discutir tampoco eso, no quería que el recuerdo de este fin de semana fuera un recuerdo agónico, pero de verdad que comenzaba a tornarse de ese color.

Decidimos entonces tomar algo fresco para que se nos bajara el calor del expendio que estabamos realizando. Refresco de 33 cl: 3 Euros, zumo de 33 cl: 3 Euros.....Diós 13 Euros 50 y todavía ni se me ha puesto roja la piel. Vamos que me dejo de buen humor aquello, un buen humor que decidí llevarme de aquella playa, de aquellos lares y regresar con el rabo entre las piernas a la capital con la triste estampa en lo que se ha convertido nuestra industria mayor, el turismo. Y no vale echarle la culpa a la crisis, aquel apartahotel no se remozaba desde hace por lo menos 15 años.

Trato de ser lo más objetivo posible, pero me doy cuenta de que aquello, no hay por donde cogerlo. Al fin y al cabo yo soy de aquí y siempre voy a tratar de hablar bien del entorno que me rodea, pero ¿de que vale? A mi si algo me molesta me cojo mis cosas y en una hora estoy en mi casa, pero ¿el que viene de Noruega y no tiene esa oportunidad? Me da repelús ver el futuro del sector en manos de estos señores que no se preocupan por la calidad que ofrecemos.

Pero cómo yo soy bueno y quieren que veraneemos aquí, por aquello de la campaña, aquí me voy a quedar... pero otro año. Prefiero pagarme un billete de avión y que me roben y me engañen en otro país, por lo menos veré sitios nuevos.

La que cantó 'para hacer bien el amor hay que venir al sur', no se vino al sur de Gran Canaria.